Destacado

Odas a la mujer X (I)

Esa parte de tu anatomía,

parte de guerra,

parte del útero para, insumisa,

levantarse en armas contra

el desfallecimiento.

Esa parte de tu anatomía

sentencia a muerte

a la muerte.

Esa parte de tu anatomía

es un golpe de estado contra

la burocracia de los lunes.

Irreversible

el orden que has promulgado.

¡Tiembla, indiferencia!

Hablando de «Los que se quedan» en Editorial Aquitania

Hace unas semanas tuve el placer de conversar con Editorial Aquitania sobre Los que se quedan, y ya está publicada la entrevista completa en su blog.

Repasamos el origen de la doble trama de la novela —las dos versiones posibles de Raquel, viuda en una y examante en otra— y cómo surgieron desde los primeros esbozos, cuando lo que me interesaba no era tanto resolver la desaparición de Mario Peña como explorar lo que esa ausencia provocaba en quienes se quedaban.

También hablamos de una idea que atraviesa el libro: la de «lo descartable», tanto como recurso narrativo como metáfora social. Les conté cómo tomé conciencia de ella ya en la fase de revisión, al advertir la fuerza narrativa de todo aquello que los personajes —y nosotros mismos— dejamos de lado al tomar una decisión.

Entramos además en el tono del libro, esa mezcla de voz íntima, pasajes reflexivos y estructura fragmentaria, y en algo que no suelo contar tan abiertamente: el origen personal de la novela, nacida de un proceso de duelo propio, y cómo la escritura cumplió ahí una función casi terapéutica.

Cerramos la charla con una pregunta que me sigue rondando: qué queda, realmente, tras una desaparición que no se resuelve, y por qué me interesaba tanto escribir en contra de los finales cerrados.

Gracias a Editorial Aquitania por el espacio y por las preguntas, que me obligaron a pensar en voz alta sobre cosas que llevaba tiempo sin verbalizar.

Podéis leer la entrevista completa aquí: Entrevista a Javier Delgado, autor de Los que se quedan – Editorial Aquitania

«Los que se quedan» en Nuevatribuna

Nuevatribuna es un medio digital de información general, con una sección de Cultura donde se publican con frecuencia reseñas literarias, y donde acaban de dedicar unas líneas a Los que se quedan, algo que me ha hecho mucha ilusión.

La reseña destaca la apuesta estructural del libro: dos tramas posibles que dialogan entre sí en torno a la pregunta «Y si…?», ofreciendo escenarios distintos para personajes como Raquel, esposa en una versión y examante en otra.

También señala la mirada sutil sobre el rol de género, con mujeres que, pese a ser tratadas como figuras secundarias, se afirman como presencias imborrables en la historia; y las referencias a Auster, Marías y Vila-Matas que atraviesan la novela.

Podéis leer la reseña completa aquí: https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura—ocio/que-quedan-novela-javier-delgado/20250615135532239402.html

Lázaro

Soy un tipo con suerte. Me fue dado escuchar el verbo ágil, suelto, chisporroteante, a menudo irónico de la mujer de sábado. Tuve el privilegio de conocerla en septiembres de cabeza alta, sin insomnios, días felices de glúteos ceñidos, orgullo del busto realzado por jerséis negros de cuello alto, de cuello de tortuga, como los describió Fuentes, de melenas plisadas, de vestidos de asillas, corpiños, repletos de sicodelias. Un lunes marrón llegó la monja. Estuve presente cuando la envolvió en su capa negra; no intervine mientras la estrujaba, anaconda, anaconda, merceditas negras de charol, jerséis negros de oscuridad, chaquetas de sepultura, chaquetas de fuerza, no bebas, no fumes, hasta que la muerte nos separe, la espalda recta, niña (ahí te rebelaste: vértebra a vértebra la fuiste encorvando; hallaste alivio en los suelos). Desde entonces, vigilo: no quiero perderme la noche en que la voz le susurre al oído, Lázaro, Lázaro, levántate, ya no estás muerta.    

TODAS DIRECCIONES

Es muy probable que nunca lleguemos a conocer los verdaderos motivos que impulsaron a M. R. –varón de treinta y cuatro años, natural de A Coruña y camionero de profesión– a abandonar la A68 dirección Zaragoza a la altura de Colmenar Viejo para incorporarse a la A69 y tomar la salida hacia Todas Direcciones. Sí trascendió que, tras recorrer cuatro kilómetros, M. R. volvió a tomar la primera salida hacia Todas Direcciones. Dos días después, se localiza el camión en una de las estaciones de servicio en la salida a Ponferrada. A partir de ahí, se le pierde la pista. Me encargaron la investigación del asunto cuando éste cobró relevancia en los medios. Me entrevisté con familiares de los que obtuve abundante información pero, sobre todo, fotografías del desaparecido. Sin embargo, la investigación encallaba una y otra vez: a M. R. parecía habérselo tragado la tierra.

Hasta ayer.

En mi habitual paseo vespertino por la Calle Mayor, reparé en uno de los mimos que se ganan la vida por la zona. Me quedé helado: era M. R. No cabía la menor duda: era varón, tenía treinta y cuatro años, natural de A Coruña y había sido camionero en una vida anterior. Aún así, debía cerciorarme. Eché un vistazo a las fotografías que llevaba siempre conmigo. A pesar del abundante maquillaje, su parecido con el tipo de mis fotografías resultaba asombroso. Un escalofrío recorrió mi espalda. Todavía presa de la conmoción, agarré el móvil y me dispuse a hacer llamadas: a la redacción; a su mujer… Al escuchar el primer “¿sí?”, se activó mi estado de alarma. ¿Qué estaba haciendo? La voz repetía “¿sí?”, “¿diga?”, “¿oiga?” hasta que corté. Ajeno por completo a mi agitación, M. R. se esforzaba por escapar de una prisión imaginaria, se quedaba inmóvil con cara de susto, hacía reír a una niña entre morisquetas y flores que aparecían de las orejas. Guardé el móvil y emprendí el camino de vuelta a casa en un silencio total que ahora rompo para escribirte esto.

HABIT ROUGE

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No hace mucho tiempo vivió un abogado, de los de barriga en ristre y canas onduladas que se aplastaba hacia atrás con Eau de Parfum Habit Rouge, que era muy cotizado en la región por tener fama de no haber perdido un caso. Un domingo, harto de ser el aguafiestas de la semana, el yo de ese día presentó una enmienda a la totalidad contra el régimen instaurado por los otros días hacía más de treinta años. Consiguió el respaldo del yo de los lunes, que insistió en que había que presentar una querella o nada. La noticia del golpe de Estado no sentó nada bien en el palacio de los días laborables. Tras arduas deliberaciones, se aprobó la propuesta del yo de los martes: poner a disposición del partido el arsenal de armas químicas y biológicas. Las batallas, encarnizadas y sangrientas, faltaría más, se sucedieron hasta el domingo siguiente, fecha en que los sublevados presentaron la rendición incondicional. Como el abogado tenía la costumbre de vivir solo, no fue hasta el viernes que la empleada de hogar encontró el pesado cuerpo tendido en el aseo de la planta baja, la pesada cabeza sepultada por el amasijo de canas teñidas de rojo que serpenteaban, que serpenteaban.

 

TOMA DE POSESIÓN

Finalizada la contienda, llegó el armisticio. A partir de ahora, y siguiendo los términos de la rendición, el yo de los martes tomaría posesión de los lunes. A pesar de que ningún yo externo se atrevería a sacar el asunto, al menos, en público, por incumbir directamente al jefazo, era preciso atajar los rumores, gestos, miradas y actitudes antes de que se produjeran. Tan pronto se incorporó al despacho el lunes, el yo de los martes tomó la palabra para explicar que se encontraba bien, gracias, que tan sólo se había tomado una semana de descanso, pero que había vuelto con las pilas bien cargadas. Por desgracia, el cuerpo que se sentaba frente al ordenador y comprobaba la agenda seguía siendo el de los lunes. Desastres de la guerra.

(IN / RE) SURRECCIÓN

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Muchas fueron las consecuencias que para la población tuvo el decreto de estado de alarma, pero pocas tan incisivas y revolucionarias como el abandono total de la inconsciencia con la que se había vivido hasta entonces.

Por culpa de aquel gobierno, nos alarmamos tan radicalmente, que nadie, salvo los hipócritas de siempre, se sorprendió cuando se alcanzó el siguiente paso: la lógica insurrección. Ésta tomó primero la forma de altercados callejeros (la habitual quema de contenedores que habían dejado de contener y permitían que bolsas de basura gigantescas colonizaran las calles; lanzamiento de cócteles Molotov contra las fuerzas del desorden…) hasta desembocar en manifestaciones ilícitas de cientos de miles de ciudadanos indignados, pero pacíficos. Se aplicaron con contundencia las fuerzas del desorden y nuevas medidas cautelares que, si bien no apagaron la insurrección por completo, sí doblegaron la pandemia que tan radicalmente nos había desalojado de la comodidad de nuestros sillones. Continuar leyendo «(IN / RE) SURRECCIÓN»

CUANDO SEA MAYOR

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CUANDO SEA MAYOR

 

Cuando sea mayor, pensó el hombre, quiero ser como el señor que tengo enfrente: leeré ebooks de letras muy grandes; vestiré su misma cazadora deportiva sin mangas; tendré idéntico reposo en la mirada; calzaré botas de caminar como las que lleva ahora, como las que lleva siempre. Me doy cuenta de que aún guardan el polvo de la última ruta. Botas de caminar que han andado mucho. De verdad.

 

PRIVILEGIO

 

La mujer se detiene para observar el fenómeno: la luz del sol y la sombra algo achaparrada de una palmera se unen, se separan, se ceden el turno, compiten por la conquista del lienzo entero que les tiende una enorme fachada. Imagina, quiere pensar la mujer, que sólo ella lo percibe. Privilegio de clase, bendición de la entidad bancaria, magia reservada a los que se han ganado el cielo económico en estos tiempos de precariedad y fake news.