Breve historia de la perseverancia

Cuando el cristianismo ya se había convertido en la religión oficial del Imperio, destacó una mujer en las ciencias y la filosofía. Repartió sus enseñanzas entre cristianos y paganos; mejoró los astrolabios de su época; inventó un densímetro; ofreció consejo en la gobernanza. Tantas bondades en una mujer acabaron con la paciencia de algunos hombres con derechos. Un grupo de cristianos la golpeó hasta matarla. Descuartizaron su cadáver e incineraron cada parte, aunque no lograron acallar su escuela neoplatónica, que continuó brillando hasta bien entrado el siglo VII.

Una mujer era respetada por la comunidad por sus conocimientos sobre hierbas y la curación de múltiples dolencias. Llegó el día en que proclamó, en plaza pública, que hombres y mujeres tenían los mismos derechos. Los hombres con derechos la declararon bruja y la condenaron a la hoguera, pero no pudieron impedir que otras mujeres salvaran vidas con sus pócimas, emplastos y conocimientos.

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