CAZA MENOR

 

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El hombre disparó una vez. Luego, una segunda. Una tercera. No se han hallado registros, por lo que el número de disparos podría haber alcanzado una cifra mucho más elevada. La cámara del móvil apuntaba al objetivo. No era el cuadro de luces y sombras que arrojaban las farolas sobre los muros del casco viejo, repleto de turistas. No eran las diminutas vírgenes de piedra que observaban desde las esquinas. Un niño de 6 años. Una niña de diez. Otra de apenas tres. El hombre hubiera permanecido algo más en los callejones empinados, repletos de turistas, de no ser reclamado por su mujer y sus tres hijos menores. El viaje imponía su ritmo. No faltarían lagunas de tiempo que el hombre sabría aprovechar. En eso, era un experto. La cacería estaba resultando de lo más fructífera.

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